Las artes son como una fragancia que tiene sus temporadas; como la flor que emite un aroma especial a su tiempo…¿A qué se debe este efecto que marca los ciclos en la historia?
Este fenómeno del arte es como una ola que inesperadamente abraza la arena de la playa y arroja nuevos elementos que nos sorprenden; es el factor sorpresa el que cautiva nuestra atención.
Hace unos años caminaba en la playa. Podía ver una gran variedad de fósiles, piedrecillas y conchas que el mar depositaba a mi paso. Recuerdo que trataba de contener todo lo que encontraba frente a mí, pues me parecía hermosa la maravilla de cada detalle. Ya no tenía espacio en las manos y trataba de sostener la mayor cantidad posible de esos fragmentos bordados por la naturaleza; hasta que me di cuenta que no podía con tantas cosas sorprendentes en mis palmas y comencé a soltarlas, quizás por un método de selección o por sus dimensiones…También pensé en regresar más tarde….
Esto es algo semejante a lo que sucede con las artes: en pleno siglo 21, las galerías de arte, los salones, los museos, los teatros, los espacios culturales, las fundaciones y hasta los blogs de arte, traen una oleada llena de piezas creadas y concebidas en el corazón y la mente de miles de artistas alrededor del mundo. Pero, ¿cómo podremos contener tanta expresión?
Quienes administran las artes, es decir, museos, galerías, casas de ópera, editoras, entre otros, hoy tienen gran responsabilidad como mayordomos de la producción artística, pues lo que en el presente sea seleccionado para exhibición, edición y divulgación de la creatividad plástica, escénica y literaria, constituye el legado para las generaciones venideras.
Por ejemplo, por marcar sólo una época en las artes visuales, mucho de lo que ahora tenemos en los museos es el fruto de lo que hace 100 años fue seleccionado -administrado por mayordomos o curadores de esa época-. Hoy nos cultivamos y disfrutamos del trabajo de aquella generación que caminó por la orilla del mar.
Tenemos que profundizar qué es lo que el arte nos trae en este tiempo, o quizás redefinirlo y considerarlo con la ética, la filosofía y la espiritualidad. Tal vez eso nos ayude a plantear nuevamente el camino de la vida.
El artista siente una profunda ansiedad en las diferentes disciplinas de este llamado; el constante cuestionamiento de qué son la libertad o la honestidad. Ahora que se desvanece la moral y los principios se han quedado en los libros antiguos de las bibliotecas, tenemos que rediseñar el mundo de la expresión, por qué expresamos, qué estamos expresando, qué dejaremos a nuestros hijos y quién tomará el compromiso de ministrar el corazón de estas generaciones por medio de las artes.
Pienso en caminar en esa misma playa, pero esta vez de la mano de mis pequeños; recoger lo que las olas nos obsequien y observar con detenimiento y responsabilidad cada detalle, para instruirles con la misma nobleza que el mar nos enseña sus secretos y belleza.
Carlos Cazares
Verano de 2011
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